Cuando la excepción se convierte en la norma. La crisis como experiencia cotidiana en Venezuela

Introducción

Desde hace ya varios años Venezuela atraviesa una combinación inédita de crisis tanto en términos político-institucionales como socioeconómicos, sanitarios, de seguridad pública, entre tantos otros.

Tras perder el control de la Asamblea nacional en 2015, Nicolás Maduro y el oficialismo han gobernado el país a través de un estado de excepción ininterrumpido, reprimiendo la disidencia y la protesta a su antojo y cercenando cada vez más el pluralismo político. Por su parte, la oposición parlamentaria reunida durante los dos últimos años detrás de la figura de Juan Guaidó, ha llamado a los Estados Unidos a bloquear las ya muy mermadas fuentes de ingreso del Estado venezolano y a amenazarlo militarmente.

Las instituciones públicas son incapaces de garantizar a la población las condiciones mínimas de vida materiales, jurídicas e incluso fisiológicas que mal que bien se mantenían vigentes seis años atrás, mientras continúan participando a los mecanismos de acumulación de capital que benefician a las élites civiles y militares cada vez más vinculadas con la cúpula gubernamental. En este contexto, el grueso de los venezolanos se ven forzados a elegir entre seguir viviendo un día a día lleno de constantes privaciones, sufrimientos y atropellos, o emprender los riesgosos caminos del éxodo que los llevan hacia inciertos horizontes – como es el caso de los mas de cinco millones de ciudadanos que desde 2014 dejaron el país, lo que representa un 15% de la población.

Con frecuencia la prensa nacional e internacional pone al relieve las expresiones más dramáticas de esta situación, en especial cuando se trata de mostrar los hechos más visibles y ruidosos que forman parte de las movilizaciones antigubernamentales y las luchas partidistas. Sin embargo, la voluntad vehemente de pensar en una posible salida democrática y pacífica de la situación de crisis generalizada y rutinaria que vive el país, tiende a obstaculizar la comprensión del modelo autoritario en la que está enmarcada la crisis, y sus complejas implicaciones en las que se entrelazan dinámicas tanto de índole nacional, regional como global.

No cabe duda de que la “crisis humanitaria” o “emergencia humanitaria compleja” surgida poco después de la muerte de Hugo Chávez y la elección de Maduro en 2013, tiene mucho (por no decir todo) que ver con la obstinada manera en que el segundo rechaza toda posibilidad de dejar o compartir el poder. Sin embargo, es imperativo dar cuenta a la luz de la permeabilidad entre las fronteras de los sectores público y privado, así como de la continua fragmentación del ejercicio de la violencia, que las bases que permiten la dominación de la sociedad venezolana por el llamado “Estado fallido” o “criminal” están mucho más difusas y ancladas a lo largo del tejido social venezolano de lo que a menudo pareciera.

Este número recorre las dinámicas que sustentan la perpetuación y trivialización de la “crisis multidimensional” en Venezuela. Evidentemente, no se trata de ningún modo de relativizar el momento crítico como tal, el cual no puede ser reducido a un supuesto invento político-mediático, y que al contrario corresponde tanto a un sentimiento subjetivo extensamente compartido como a un conjunto de hechos objetivos.

Sin embargo, para los autores del número se trata de dar cuenta a través de un análisis detallado de las prácticas, interacciones y representaciones cotidianas de los múltiples actores subalternos, intermediarios y demás anónimos de la vida social y política del país, del hecho de que pese a las múltiples predicciones (de índole partidista y/o experta), el poder político y gubernamental no parece debilitado incluso frente al desmoronamiento del país. Más bien, según las dinámicas observadas es todo lo contrario, sin ánimos de descartar a priori una posible reapertura del juego político bien sea por la vía de la calle, los cuarteles o incluso las urnas.

En este sentido, las seis entrevistas del número permiten a los investigadores dar cuenta de cómo la excepción se ha ido convirtiendo en norma en la sociedad venezolana1La mayoría de las entrevistas que componen este dossier son el resultado de una serie de intercambios iniciados con los autores, gracias a su participación en las conferencias públicas que fueron organizadas por el Grupo de Estudios Interdisciplinario sobre Venezuela (GEIVEN) en las ciudades de París y Lyon durante el año 2019..

Sus análisis, basados en recientes trabajos de campo y archivos, exploran varias de las dinámicas que estructuran la normalización de la excepción, lo que esta normalización le debe a la crisis actual y/o las dinámicas heredadas del pasado reciente y lejano, y la manera cómo las lógicas de la excepción llegaron a estructurar el día a día y las expectativas de los venezolanos tanto dentro como fuera de su país.

El Estado contemporáneo y el petróleo: la compleja relación entre política y economía

Desde que se otorgaron las primeras concesiones petroleras a empresas extranjeras alrededor del año 1910, el futuro del Estado venezolano quedó estrechamente vinculado a la extracción y el comercio del petróleo.

Contrastando con la muy abundante literatura sobre los “petro-estados”, Arnoldo Pirela explora los efectos contraproducentes del paradigma dominante del desarrollo económico nacional: la idea de “sembrar” masivamente los beneficios de los booms petroleros en otros sectores de actividad, que el investigador atribuye a una mentalidad latifundista de retaguardia.

En ese sentido, si bien el dramático debilitamiento de las políticas sociales heredadas de la época de Chávez se correlaciona con la caída de los precios del petróleo, Pirela observa que tanto el rol que le fue dado a las Fuerzas Armadas como la construcción de marcos institucionales paralelos en nombre de “la Revolución,” han llevado a su paroxismo las prácticas depredadoras de las élites gobernantes a expensas de los servicios públicos y las infraestructuras básicas – y por lo tanto de los ciudadanos que dependen aún más de ellos en la situación de crisis actual.

En este contexto, Yoletty Bracho explora los límites del proyecto revolucionario enfocándose en la relación entre las clases populares y el Estado. Con el objetivo de “transformar el Estado desde adentro”, muchos fueron los militantes de izquierda que promovieron las políticas de participación y redistribución de los gobiernos chavistas en alianza con las organizaciones populares presentes en los barrios.

Sin embargo, la precarización reciente de los dispositivos participativos y la agudización de la crisis son demostraciones del carácter coyuntural de estos procesos. Hoy en día, dada la situación de crisis y la centralidad que adquieren en lo cotidiano las respuestas ofrecidas desde la acción humanitaria, se observa la sustitución paulatina de la figura del ciudadano “derechohabiente” frente a la figura del “beneficiario”.

Estos cambios exigen la adaptación de las clases populares a los nuevos actores de la solidaridad y la redistribución, los cuales desde la reivindicación de la neutralidad humanitaria tienden a desplazar los temas políticos para concentrarse en lo que tiene que ver con la subsistencia.

La sociedad frente a las violencias institucionales y clandestinas

Mientras el Estado va dejando los problemas sociales en manos de los actores humanitarios, se mantiene y reafirma como actor central de la violencia cotidiana.

A partir del análisis estadístico de datos de diversa índole, Keymer Ávila examina las formas ordinarias de la violencia institucional. Si bien la represión contra opositores y disidentes ha aumentado de manera considerable en los últimos años, pasando por vías tanto oficiales como clandestinas –y a veces letales–, también es necesario dar cuenta del drama cotidiano de la “masacre por goteo” de los jóvenes racializados (morenos)de las clases populares, perpetrada con el pretexto de la lucha contra la delincuencia.

Aquí resalta el carácter diferenciado de la violencia de Estado, en particular en función de las pertenencias de clase, raza y género de sus víctimas. Pertenencias que también filtran las percepciones sociales de la violencia, al igual que la movilización y el impacto de su denuncia por parte de las distintas oposiciones y disidencias que persisten en oponerse.

Sin embargo, la violencia de Estado no se ejerce sobre una población pasiva. En los barrios populares se observan diversas formas de regulación de la violencia tanto uniformada como común. Verónica Zubillaga describe el papel protagónico de las mujeres en su esfuerzo por construir estrategias para cuidar (care) a sus familias y sus vecinos, al mismo tiempo que encausan las violencias que les rodean.

No obstante, la viabilidad de dichas estrategias varía según los márgenes de maniobra permitidos (o no) por el contexto en que se desarrollan, es decir, según las historias sociales de cada barrio y según las políticas de seguridad de turno. Se observa entonces cómo las políticas de “Mano dura” han producido una escalada en la confrontación armada con las bandas que hacen vida en los barrios, sembrando el miedo en la población y silenciando a las mujeres quienes quedan por lo tanto privadas de las herramientas “conversacionales” que en otros contextos les han permitido actuar frente a los actores violentos.

Venezuela en clave global: de las experiencias migratorias a la escena internacional

Hoy en día la sociedad venezolana no se construye sólo por dentro sino también por fuera de las fronteras del Estado dado que Venezuela se ha convertido en un asunto prominente de política internacional, ya sea por los temas migratorios y/o los geopolíticos.

Fernando Garlin Politis explora las contradicciones de las políticas de acogida de refugiados venezolanos en América Latina, tomando como punto de partida el caso de Colombia. Pese a haber sido descrita como una “política de puertas abiertas”, en los hechos la gestión de los flujos migratorios por parte del Estado colombiano ha establecido múltiples barreras administrativas que dificultan el asentamiento de los venezolanos a largo plazo.

Durante la cuarentena debida a la pandemia de la Covid-19, muchos son los migrantes que se vieron privados de todo medio de subsistencia y que se vieron entonces obligados de regresar a Venezuela. Del lado venezolano, el gobierno de Maduro les impuso cuarentenas en condiciones precarias y restrictivas, convirtiendo el regreso al país en un calvario tan o hasta más doloroso que el viaje de salida.

En materia migratoria como también en términos de política internacional, la Casa Blanca viene tomando decisiones que tienen graves consecuencias para la población venezolana mientras que Venezuela se convertía en una de las temáticas de la última campaña presidencial estadounidense. Alejandro Velasco describe como la administración Trump, tras haberse erigido como “protectora de la democracia” en función de sus intereses electoralistas, implementó una política reiteradamente contraproducente frente a la crisis democrática venezolana.

Mientras las sanciones económicas dirigidas hacia el propio Estado venezolano sólo han agravado el sufrimiento de los habitantes y su dependencia de los recursos gubernamentales, el apoyo irrestricto a la “presidencia interina” del joven diputado Juan Guaidó lo empujó a subir las apuestas de manera irrazonable frente a un presidente Maduro mucho menos débil en los hechos que en las urnas, todo en detrimento de una solución negociada del conflicto político nacional.

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