Violencia y capitalismo aguacatero en Michoacán.

Este artículo es el Capítulo n°4 de la Serie «La violencia toma lugar».

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IntroducciónOro verde, cambio social y destrucción ambiental

En Tancítaro, Michoacán, la vía que conecta dos de los pueblos del municipio serpentea a través del paisaje ondulado y está flanqueada por huertas de aguacate hacia ambos lados. Desde la ventana abierta del coche, Don Gerardo señala con un ademán los árboles de aguacate:1Diario de campo, 2019. Traducción del original en inglés. Para proteger la identidad de los entrevistados, todos los nombres que aparecen en este artículo son seudónimos.

“Todo esto — de los dos lados — eran campos de marihuana, así tal cual al descubierto. Dicen que la trajo el ejército y que dijo que la tenían que plantar, pero quién sabe. Hasta hace treinta años más o menos era así, pero ahora ves todo lleno de aguacate. Es un problema real porque ya cortaron también todos los pinos”.

En los últimos años, la demanda de aguacate ha explotado en Estados Unidos y Europa occidental. Las propiedades para la salud y las cualidades estéticas de este “superalimento” lo han convertido en un contenido jugoso en Instagram y ha servido de inspiración para una amplia gama de productos. Los medios de comunicación de todo el mundo quieren saber cada vez más sobre su lugar de origen y sobre las condiciones de las zonas donde se cultiva.

Es importante resaltar el tema de los cárteles y de cómo abusan de los productores de aguacate.

Pero ésa no es la historia completa. Deja de lado el entramado histórico de las relaciones que se dan dentro de la industria agroexportadora en México.

Su cobertura por lo general se ha concentrado en el estado de Michoacán, no sólo por ser la principal zona de cultivo en México —el mayor país productor de aguacates del mundo—, sino también por ser un espacio geográfico que, además de cultivar la fruta de moda, sacia el apetito que tienen los medios sobre los cárteles de la droga en México y todo lo que tenga que ver con el narco.

Gran parte de la información que sale de los campos michoacanos pretende educar sobre las condiciones en las que se produce el aguacate, e incluso parece querer provocar un sentimiento de culpa en el lector que esté comiendo un avocado toast. Por supuesto que es importante resaltar el tema de los cárteles y de cómo abusan de los productores de aguacate, pero ésa no es la historia completa. Ese tipo de información reproduce la imagen de un conflicto entre el Estado y los cárteles, y deja de lado el entramado histórico de las relaciones que se dan dentro de la industria agroexportadora.

En efecto, el auge de la industria del aguacate en Michoacán es producto de procesos mucho más amplios: durante las últimas décadas se han transformado las zonas rurales de México, y el Estado en general. Para entender la complejidad de los procesos históricos que están en juego y de las relaciones que generan, necesitamos un enfoque local que busque analizar el impacto social, económico y ambiental que ha tenido el crecimiento de la industria aguacatera y la desigualdad que existe en sus relaciones de poder.

El desarrollo de la industria del aguacate en Michoacán

México es el mayor productor y exportador de aguacate en el mundo: durante la última década, se cosecharon en promedio 1.56 millones de toneladas anuales. El 80% de ellas salieron de Michoacán.2Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural – Informe 2019.

En Michoacán hay 35 municipios certificados para exportar aguacate a Estados Unidos, pero la zona de producción más importante se concentra en 11 municipios ubicados en una delgada franja que baja de la Meseta Purépecha —su nombre viene del pueblo P’urhepecha, originario y habitante de la región—  hacia la zona de Tierra Caliente. Este espacio se le conoce actualmente como «zona aguacatera».

El aguacate criollo es una especie michoacana, sin embargo, un grupo de empresarios de Uruapan que contaba con el apoyo de instituciones estatales y con inversión privada empezó a expandir el cultivo comercial del aguacate Hass en la década de 1970. Decidieron experimentar con esta variedad de aguacate para ver si el clima de la región era propicio para la fruta.3Martín Carbajal, M. D. L. L. (2016) ‘La formación histórica del sistema de innovación de la industria del aguacate en Michoacán’, Tzintzun. Revista de estudios históricos, núm. 63, pp.268-304. Tuvieron suerte: la combinación de temperatura, lluvias y tierra volcánica de la zona aportó las condiciones perfectas para que el aguacate creciera y, poco a poco, su cultivo se empezó a extender.

Por otra parte, el aguacate Hass tiene una ventaja comercial clave sobre el criollo: su cáscara gruesa permite que se refrigere y lo protege de magulladuras. Eso autoriza el transporte de larga distancia para satisfacer el consumo nacional y, sobre todo, el de exportación.

El aumento del cultivo de aguacate siguió su curso durante los años ochenta y principios de los noventa, pero tuvo su auge después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN 1994). Tres años después, en 1997, se empezó a exportar aguacate de Michoacán a Estados Unidos. Antes de esa fecha se había prohibido la exportación por razones fitosanitarias. Esta nueva ventana de negocio facilitó que se extendiera la siembra y apuntaló el crecimiento de la industria, sobre todo a partir de mediados de la década de 2000.

Cultivos legales e ilegales en tiempos de reformas estructurales

Con el crecimiento de la producción de aguacate en la región llegó también un aumento en la siembra de otros productos, tanto legales como ilegales.

Entre los cultivos legales tradicionales están los de subsistencia y los comerciales (maíz, frijol, trigo, caña de azúcar y café). Además, la cantidad de bosques de pino y de bosques mixtos en la zona impulsó otras actividades económicas clave en esos municipios: la explotación y venta de madera, la carpintería y la extracción de resina.

Por su parte, los cultivos ilegales —principalmente marihuana, pero también amapola— se han sembrado en diferentes puntos de la región desde la década de 1950. Su producción aumentó sobre todo a partir de mediados de los años ochenta, a causa de la crisis que provocaron las reformas neoliberales en el campo mexicano.4Maldonado Aranda, S. (2012), “Drogas, violencia y militarización en el México rural: El caso de Michoacán”, Revista mexicana de sociología, vol. 74, núm. 1, pp. 5-39. El Estado, que tradicionalmente había garantizado los precios de los cultivos de subsistencia y apoyado los servicios y productos agrícolas (a través de cooperativas campesinas de crédito y del sistema de seguros agrícolas), redujo considerablemente esa función durante la segunda mitad de los años ochenta y los noventa.5Hewitt de Alcántara, C. (1994), “Introduction: Economic Restructuring and Rural Subsistence in Mexico”, en Hewitt de Alcántara, C. (ed.), Economic restructuring and rural subsistence in Mexico: corn and the crisis of the 1980s, Universidad de California: San Diego, pp. 1-24. Por un lado, esta situación reflejó la crisis económica que sobrevino con la caída de los precios del petróleo —que además provocó la devaluación del peso y, por tanto, la subida del precio de algunos productos agrícolas—; por el otro, el país renunció a ser autosuficiente en sus cultivos básicos y viró hacia un modelo de agroexportación.

Las reformas a la tenencia de la tierra que se aprobaron a inicios de la década de 1990 profundizaron esa situación, pues permitieron la participación de pequeñas compañías privadas en la producción agrícola a costa de otros modelos vigentes en esa época, como los ejidos (el sistema de tierras comunales).6Martín Carbajal, M. D. L. L. (2016) ‘La formación histórica del sistema de innovación de la industria del aguacate en Michoacán’, Tzintzun. Revista de estudios históricos, núm. 63, pp.268-304.

Muchos de los cultivos comerciales y de subsistencia que se sembraban en la zona empezaron a ser reemplazados por aguacate. Y conforme los precios aumentaban, los cultivos ilegales como la marihuana y la amapola iban perdiendo terreno ante el oro verde.

En el caso del aguacate michoacano, su producción creció durante la década de 1980 conforme el modelo agroexportador tomaba ritmo. Sin embargo, como el mercado estadounidense seguía cerrado y el poder adquisitivo de muchas familias mexicanas cayó durante las décadas de 1980 y 1990, el aumento de la producción llevó a una caída de cerca del 60% en los precios reales entre 1982 y 1991.7Colín, S. S., Oviedo, P. M., López López, L. y Barrientos Priego, A. F. (1998), “Historia del Aguacate en México”. Esto provocó una tormenta perfecta en las zonas rurales, pues la producción tradicional de pronto se volvió insostenible, pero el nuevo modelo agroexportador todavía no estaba listo para reemplazarla.

La llegada del TLCAN agravó la situación en varios aspectos. Provocó la caída de los precios de varios productos y, por lo tanto, muchos campesinos prefirieron empezar a sembrar cultivos ilegales (que seguían siendo rentables) o emigrar a Estados Unidos. Sin embargo, la apertura gradual de los distintos estados de EUA a la exportación de productos mexicanos representó una apertura para las zonas de producción de aguacate. La popularidad del fruto crecía al norte de la frontera y la actividad se volvía cada vez más lucrativa. Así, muchos de los cultivos comerciales y de subsistencia que se sembraban en la zona empezaron a ser reemplazados por aguacate, y conforme los precios del aguacate aumentaban, los cultivos ilegales como la marihuana y la amapola iban perdiendo terreno ante el oro verde.

Las zonas forestales también se talaron o quemaron para hacerle más espacio al nuevo cultivo de moda. Sin embargo, la práctica es ilegal, pues se necesita autorización para realizar cualquier cambio en el uso de suelo. Por esa razón, se estima que alrededor del 50% de las huertas de aguacate en Michoacán son ilegales, dado que el cambio del uso de suelo nunca se haya aprobado oficialmente.8Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRESSA) (2017), “Caso de Exportación: Agucate”. Por otra parte, las modificaciones en la legislación sobre la tenencia de tierra que ya mencionamos —de tierra comunal a participación privada— también facilitaron la parcelación y la venta de las tierras. En muchos casos, los terrenos fueron adquiridos por empresarios y grandes productores que tenían los recursos para invertir y cultivarlos, lo cual significó que los antiguos dueños se convirtieran en peones de sus propias tierras ancestrales. Cuando por fin quedó claro lo lucrativo que podía ser el aguacate, quienes habían vendido sus tierras relativamente baratas empezaron a participar en la deforestación de bosques vírgenes para lograr establecerse de nuevo dentro de la industría.

A partir de entonces, el cultivo en masa de aguacate ha tenido un impacto importante en las comunidades de la zona:9Entrevista con María, 2017.

“Pues estaba como muy pueblerino, muy tranquilo, no civilizado. Pero, a raíz de que empezó a tener más auge el aguacate pues hubo… todo creció, todo», y «…a partir de que empezó a valer más el aguacate, entonces todo se volvió muy caro aquí, muy caro. Entonces, los terrenos, las casas en renta; todo, todo es caro, todo es más caro aquí”.

También se han generado tensiones sociales debido al giro tan radical de la producción agrícola:10entrevista con Margarita, 2017.

“…igual, mucha gente piensa, si no tienes huerta no vales. Te lo digo porque lo han dicho mucho en lo personal a mi familia”.

Con el paso del tiempo, se vio que los municipios no se estaban beneficiando de la bonanza, por lo que sus habitantes empezaron a expresar frustración y resentimiento, como lo indica Margarita: “La gente prefiere comprar en otros lugares, invertir en otros lugares, así que se complica demasiado”. En otra entrevista, Antonio nos explica:11Entrevista con Antonio, 2017.

“Poco a poco empezó a haber más dinero, te digo, y se vio en las casas, se vio en los coches, se vio en la ropa de la gente, en los viajes, en las fiestas, en las bodas. En todo lo que era social, empezó haber un cambio, pero también una disparidad porque el que tenía mucho dinero, pues sí, empezó a tener más dinero; pero el que era empleado, seguía ganando lo mismo y había esa desigualdad”.

Por lo tanto, la riqueza asociada con la siembra de aguacate produjo fuertes cambios dentro de las sociedades de la región, y es claro que creó diferencias y divisiones sociales entre quienes se han beneficiado de los cambios, y quienes no.

El impacto ambiental y económico del cultivo de aguacate

El cultivo de aguacate ha tenido un profundo impacto económico, social y ambiental en Michoacán.

Es cierto que las ganancias económicas han sido enormes, pero también sumamente inequitativas. La mayoría de la población sigue sumida en la pobreza, con salarios estancados y el costo de la vida en aumento.

Si bien el crimen organizado está interesado en la expansión del oro verde, en realidad hay muchos más intereses — estatales y no estatales; legales e ilegales — que intentan aprovecharse de la fortuna económica que emana de la siembra y exportación. Y aunque muchas comunidades quieran acabar con las expansiones ilegales para que no se sigan destruyendo los bosques, los organismos estatales no acatan el problema. Frente a los ingresos – legales e ilegales – generados por la agroindustria, se limitan generalmente a hacer declaraciones ante la prensa, pero sin efecto en la realidad local.

Además de la deforestación, la expansión del aguacate ha traído preocupaciones ambientales, pues afecta la biodiversidad y el clima. Los requisitos fitosanitarios que impone el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, según sus siglas en inglés) para otorgar los certificados de exportación exigen que no haya ningún otro cultivo – planta o árbol – dentro de las huertas certificadas para exportación.

Tales estándares han obligado a los agricultores a estar muy atentos a lo que crece en sus huertas y a abusar de los pesticidas. El resultado ha sido la pérdida de biodiversidad en plantas, cultivos y vida silvestre en las zonas aguacateras de Michoacán. Por otra parte, la diversidad de plantas en las huertas evitaba que las crecidas de los ríos inundaran la zona durante la temporada de lluvias. Luego, los bosques que quedan en pie sucumben ante plagas, el agua escasea y la gente padece de complicaciones de salud. Así, los pesticidas han aumentado los casos de cáncer y los problemas respiratorios, y los fertilizantes atraen nubes de moscos que causan problemas gastrointestinales entre los habitantes.

Los requisitos fitosanitarios impuestos por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, según sus siglas en inglés) para otorgar los certificados de exportación contribuyen a una situación de monocultivos.

La zona aguacatera se ubica en un llano montañoso donde la siembra ha alterado la cantidad de agua disponible en las cuencas de las tierras bajas colindantes. Para crecer, el aguacate necesita mucho más agua que un bosque de pino, por ejemplo. Por lo tanto, el enorme crecimiento del cultivo ha drenado los mantos freáticos, y las plantaciones de la Tierra Caliente, la región situada al sur, han sufrido la escasez en consecuencia.

Además, la expansión del cultivo en la zona ha exacerbado la sequía y aumentado las temperaturas. Eso significa que en ciertas partes bajas de la zona, la producción de aguacate se ha vuelto incosteable, mientras que, en las partes altas, la deforestación sigue creciendo porque se buscan terrenos de altitudes elevadas donde la temperatura siga siendo lo suficientemente fresca para las huertas. El calentamiento climático, sumado al uso de pesticidas, están atrayendo plagas que secan y terminan matando a las especies nativas de pinos. Así, aunque los habitantes de la región reconozcan el impacto positivo de la producción de aguacate en términos económicos y laborales, también perciben el ecocidio que está sufriendo su entorno.

El aguacate y la circulación desigual del dinero

Se ha escrito mucho sobre las ganancias del aguacate en Michoacán. Sin embargo, el impacto de la producción sobre la pobreza y los niveles de migración dentro de los principales municipios productores es marginal. El censo llevado a cabo en 2010 en los principales municipios aguacateros lo demuestra:12En términos generales, Michoacán es el quinto estado más pobre de México, con una tasa de pobreza de 55.3% (2016 – 45.9% en pobreza relativa, y 9.4% en pobreza extrema (CONEVAL, 2016).

CONEVAL 2010

Esto muestra que la riqueza que emana del comercio de aguacate no se distribuye entre quienes forman parte de la cadena de producción. Por ejemplo, los peones que cortan la fruta y los que viven en las huertas para atender las necesidades diarias suelen tener salarios ligeramente superiores a los de los campesinos de la vecina Tierra Caliente. Una persona que corta aguacates de los árboles — un trabajo extremadamente arduo, sobre todo si el terreno no es plano — puede ganar alrededor de $250 pesos diarios ($12 USD a precios de 2020).13Esto varía según el tipo de trabajo: a los recolectores se les paga a destajo (según la cantidad de fruta que corten, como sucede en gran parte de la producción agrícola en EUA). Una consecuencia inesperada de eso es que algunos se han vuelto adictos a drogas (metánfetamina principalmente) para seguir cortando fruta a pesar del dolor y el estrés. Esas ganancias son minúsculas si se comparan con la riqueza que se concentra en otros puntos de la cadena, con los dueños de la tierra.

En Michoacán, se dice que una familia puede vivir bien de las ganancias de media o una hectárea de aguacate. se considera pequeño productor a todo aquel que tenga cinco hectáreas o menos de cultivo. En el municipio de Tancítaro – la «capital mundial del aguacate» – se estima que el 70% de los que cultivan son pequeños productores. En términos generales, podemos imaginar que ganan lo suficiente para vivir cómodamente, sin nunca volverse ricos. En cambio, los productores más importantes pueden poseer cientos, e incluso miles de hectáreas cultivadas. De ahí que, como suele suceder en México, la riqueza y el poder del oro verde están en realidad concentrados entre los grandes terratenientes y las compañías que se dedican a empacar y a exportar el fruto (algunos productores siendo también propietarios de sociedades de exportación).

Conclusión

Así, vemos que el aguacate es oro verde únicamente para unos cuantos, como explica Francisco:14Entrevista con Francisco, 2017.

“El modo de producir aguacate aquí en Tancítaro está generando un impacto ambiental importante negativo y está enriqueciendo a muy pocos. Y muchos siguen, pues, en la pobreza; entonces a pesar de que es mucha la superficie dedicada al aguacate, no es de todos esa superficie. Ahí creo que la brecha de desigualdad es importante y creo que [el] impacto ambiental también es significativo”.

De hecho, el impacto económico, social y ambiental del cultivo de aguacate en Michoacán es estremecedor. Las ganancias económicas han sido enormes, pero su distribución inequitativa ha provocado grandes tensiones sociales y la mayoría de la gente sigue en la pobreza. Las consecuencias ambientales son también cada vez más evidentes: los bosques que quedan sucumben ante las plagas, hay escasez de agua y la gente padece complicaciones de salud.

Durante mi última visita a la región aguacatera, en 2019, vi que los intentos ciudadanos por detener la deforestación y por reforestar áreas con pinos nativos estaban ganando ritmo. Ese ímpetu se mantuvo en 2020, pues el impacto del cambio climático se vuelve cada vez más generalizado. Pero a pesar de la participación en estos movimientos ciudadanos, algunos habitantes no esconden que quizá sea demasiado tarde para que su municipio evite el colapso ambiental.

Finalmente, la industria aguacatera demuestra que la violencia física y estructural de la región no sólo se debe a los grupos criminales, sino que hay fuertes estatales y no estatales que pueden tener lazos con las organizaciones del narcotráfico. Dadas las tasas de impunidad en México, la violencia sigue siendo un recurso para conseguir los fines buscados. Al igual que sucede en el resto del México contemporáneo, entender estos procesos como un conflicto entre los cárteles y el Estado sólo nos dará un panorama parcial, en el mejor de los casos. Lo más probable es que oculte la manera en la que los intereses estatales coinciden con los de los actores ilegales.

Este artículo es el Capítulo n°4 de la Serie «La violencia toma lugar».

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