Proyecto Migración en América Central

"En este preciso instante, enormes caravanas de migrantes bien organizadas se aproximan a nuestra frontera sur. Algunos lo llaman ‘invasión’… Ya irrumpieron con violencia en la frontera mexicana… Son muchos jóvenes, hombres fuertes. Y muchos hombres que quizá no queramos tener en nuestro país”.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, 1 de noviembre de 2018.

Durante los últimos cinco años, el tema de la migración centroamericana hacia Estados Unidos ha estado en los encabezados de todo el mundo. A pesar de la atención reciente que ha recibido, el fenómeno no es nada nuevo. Las naciones centroamericanas de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua han sido exportadoras netas de población durante un siglo o más; a mediados de la década de los ochenta, los flujos migratorios llegaron a un punto máximo como consecuencia de las revoluciones, las guerras civiles y la brutal represión gubernamental que asolaba la región. Además,1 Banco Mundial, “Migración neta: El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, 1962-2017”, Banco Mundial, https://datos.bancomundial.org/indicador/SM.POP.NETM?end=2017&locations=SV-HN-NI-GT&name_desc=false&start=1962&view=chart, fecha de consulta, 25 de septiembre de 2022  en 2018, un nuevo repunte en los intentos migratorios desde dicha región se expresó en enormes “caravanas” de migrantes desesperados que se aglomeraban en los cruces fronterizos, lo que inspiró la efusión de la retórica racista y de odio del presidente Trump e hizo que la migración centroamericana se convirtiera, una vez más, en un tema central a nivel internacional y en un campo de batalla clave en las elecciones intermedias de ese año. 


Ya se han dado muchas discusiones sobre quiénes son en realidad esos migrantes. Los medios de comunicación más empáticos dicen que son refugiados de la violencia, la pobreza y el cambio climático, factores que han provocado una crisis social y económica en Centroamérica2 E. g. Oliver Milman, Emily Holden, David Agren, “The unseen driver behind the migrant caravan: climate change”, The Guardian, 30 de octubre de 2018 https://www.theguardian.com/world/2018/oct/30/migrant-caravan-causes-climate-change-central-america, fecha de consulta, 25 de septiembre de 2022 . Varios periodistas han explicado también las razones del “formato” específico de la reciente ola migratoria (e. g. en caravanas), a saber, que permite que los migrantes se enfrenten mejor —como colectivo— a los peligros del viaje, como la extorsión, el reclutamiento forzado, la violación y otras formas de daños corporales a manos de bandas criminales o actores ligados a las fuerzas de seguridad estatales3 Dara Lind, “The migrant caravan, explained”, Vox, 25 de octubre de 2018 https://www.vox.com/2018/10/24/18010340/caravan-trump-border-honduras-mexico, fecha de consulta, 25 de septiembre de 2022. Trump y sus porristas de Fox News, por supuesto, han sido mucho menos generosos: “Hay mucha gente ruda en esas caravanas. No son ángeles”4Donald Trump, “Speech to Campaign Rally in Missouri”, 2 de noviembre de 2018 http://edition.cnn.com/TRANSCRIPTS/1811/02/cnr.19.html, fecha de consulta, 25 de septiembre de 2022

Photo Caption: Un vehículo de la Patrulla Fronteriza vigila un segmento del muro que separa México de los Estados Unidos. Nogales, Estados Unidos, septiembre de 2021. Credit: Documentary “The Vertical Border” by Sonja Wolf

Sin embargo, se ha puesto mucha menos atención académica a la conformación y motivaciones de las caravanas que, aunque ya estén fragmentadas y disminuidas en comparación con las de 2018-2019, se siguen abriendo paso a través de Centroamérica y México para entrar a Estados Unidos 5EFE, “México disuelve caravana de migrantes en el sur; ofrece regularizarlos”, Forbes México, 23 de abril de 2022, [https://www.forbes.com.mx/mexico-disuelve-caravana-de-migrantes-en-el-sur-ofrece-regularizarlos/ fecha de consulta, 25 de septiembre de 2022]; y aún menos investigadores han pensado en analizar las realidades sociales, políticas y económicas de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua que llevan a la gente a migrar. Entonces, ¿cuáles son los factores que han hecho sentir a tantos individuos, familias, hombres, mujeres, niños y ancianos que no tienen otra alternativa que dejar sus hogares, comunidades y, en muchos casos, a sus seres queridos para embarcarse en la peligrosa travesía hacia el norte, hacia un futuro de incertidumbre crónica?

En esta serie de artículos, escritos exclusivamente para el Programa Noria para México y América Central, un grupo de investigadores de punta trata de responder exactamente esta pregunta. Con base en trabajo de campo exhaustivo en tres países de Centroamérica, además de investigaciones más explícitamente sociales y/o políticas, Daniel Núñez, José Luis Rocha y Sonja Wolf demuestran que, en última instancia, la violencia es un elemento central en la historia de este éxodo centroamericano moderno que ni siquiera durante la pandemia del Covid-19 ha podido reducirse.

Pero, ¿cómo se ve en realidad esa violencia? Incluso podríamos hablar de violencias, pues la investigación en campo indica que la violencia no es monolítica, sino un fenómeno que adopta múltiples formas que afectan a varios grupos de diferentes maneras, y por muchas razones. Y Centroamérica ciertamente ha sido escenario de una amplísima gama de acciones, procesos y sucesos violentos en los últimos años: la terrible y multifacética guerra entre pandillas como el MS13 y Barrio 18, las fuerzas de seguridad estatales, organizaciones paramilitares, narcotraficantes, escuadrones de la muerte y una gama de intereses poderosos; la serie de golpes políticos, levantamientos populares, dura represión gubernamental contra los mismos y una gran variedad de desastres extremos causados por el cambio climático antropogénico; y finalmente, la multitud de conflictos locales y de largo plazo entre campesinos y terratenientes, entre comunidades y corporaciones, y entre trabajadores y promotores de la “reestructuración” económica. Todo lo anterior ha ocultado las heridas abiertas de las revoluciones, guerras civiles y dictaduras militares de los años ochenta, así como la agitación de más de un siglo entre facciones, la interferencia de Estados Unidos y la violenta construcción del Estado que precedió a estos dos últimos factores.

Para profundizar y agregar más matices al análisis de cómo estos procesos, sucesos e historias están alimentando el aumento de la emigración proveniente de los pueblos, ciudades, ranchos y poblados de Guatemala, El Salvador y Nicaragua, “El poder desplazador de la extorsión” de Daniel Núñez nos muestra que la extorsión financiera se ha convertido en un problema que afecta todas las facetas de la sociedad:

 Algunas estimaciones establecen que en Guatemala, la población afectada paga, en promedio, 60 millones de dólares al año por extorsiones, cifra que se ubica por debajo de lo que pagan en El Salvador y Honduras”.

Incluso los funcionarios que trabajan para el propio organismo estatal antiextorsión pueden terminar siendo víctimas de ese delito tan inquietante, un factor que provoca cada vez más migración e inseguridad:

« En los países del norte de Centroamérica, este delito, por lo general, se vincula a pandillas y otros grupos criminales, quienes por medio de llamadas telefónicas, notas intimidatorias o intermediarios exigen montos de dinero variables en forma periódica a hogares y pequeños comercios, a menudo ubicados en áreas urbanas.”

Por su parte, en “El exilio de los nicaragüenses: cifras y tragedias personales”, José Luis Rocha analiza la actual ola de represión política violenta en Nicaragua que ha “producido un éxodo creciente e imparable”. A partir de que el gobierno de Daniel Ortega encaró las demandas de que dejara el cargo en abril de 2018 con violencia policial y paramilitar en las calles, y ordenó la detención y encarcelamiento de los líderes de oposición, “El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, 2020) habla de más de 87,000 nicaragüenses que buscan protección en Costa Rica y hace un año hablaba de un total mundial de más de 103,600 nicaragüenses desplazados desde 2018.” Además: 

El aumento de migración autorizada y no autorizada suele traducirse en una mayor presencia de casos de nicaragüenses –normalmente presentando solicitudes de asilo– en las cortes migratorias estadounidenses. Eso ocurrió en los años previos y es previsible que marque una tendencia. Hubo 4,145 casos en septiembre de 2018. Este número subió  hasta llegar a 12,006 casos en diciembre de 2019, un incremento de casi 190 por ciento, solo superado por cubanos y venezolanos, según el sitio web de Trac Immigration (2021)”

Por último, en “Migración forzada y la política de la violencia en El Salvador”, Sonja Wolf sostiene que hay un sentimiento de inseguridad generalizado que ha obligado a miles de salvadoreños a migrar. Aunque la violencia de las pandillas tenga un papel central en la producción de la violencia criminal en el país y en la percepción de las amenazas a la vida y el sustento de los ciudadanos, la autora señala también el impacto perjudicial de las políticas de mano dura. Quien más recientemente ha promovido tales políticas, que habían tenido el apoyo de líderes políticos y funcionarios públicos tanto de izquierda como de derecha desde 2003, ha sido el presidente populista del Bitcoin, Nayib Bukele. Ese tipo de políticas ha gozado de altos niveles de apoyo en el país:

 La idea de combatir la violencia con violencia resonaba en la cultura política autoritaria de El Salvador (idea que se profundizó durante la guerra civil), pero las medidas resultaron ser sumamente contraproducentes. La cantidad de asesinatos escaló, y la detención en cárceles segregadas por pandillas tuvo el efecto de hacer que las bandas se cohesionaran más y que la extorsión se volviera más sistemática.”

La violencia de las pandillas y las políticas tan represivas contra ellas han generado un contexto donde el desplazamiento y la migración parecen las únicas alternativas viables para la supervivencia y la seguridad:

 Todos aquellos que están en la mira de alguna pandilla tienen que cambiar su rutina y lugar de residencia. Algunos, atados a su país por tener recursos limitados o por sus vínculos familiares o nacionales, se reubican a nivel interno y tratan de mantener un bajo perfil. Sin embargo, las víctimas pronto se dan cuenta de que en El Salvador nunca van a estar a salvo. Entonces se dirigen hacia México o, con mayor frecuencia, a Estados Unidos, país que asocian con seguridad, oportunidades económicas y lazos familiares preexistentes”.

Los tres artículos se cuestionan por los efectos de la migración en quienes se quedan en el país, efectos implícitos en todos estos casos. En Nicaragua, por ejemplo, “Discontent, via a paradoxical effect, transforms this exodus into economic aid. The increase in migrants results – although not always immediately – in an increase in remittances that makes it possible to keep shipwrecked family economies afloat and, at the same time, ensures the survival of the expelling system.” Sin embargo, la migración estimula una mayor migración, pues los migrantes originales, una vez asentados en Estados Unidos, llaman a sus familias para que se vayan con ellos, o pasan la voz en sus comunidades de origen sobre los beneficios potenciales de emprender el peligroso viaje hacia el norte. 

Los tres textos también señalan las intersecciones entre las distintas formas de violencia y cómo la impunidad, la represión y la negligencia estatales aumentan la vulnerabilidad de localidades y barrios enteros, así como la probabilidad de que migren otros miembros de la familia. Incluso aunque los autores hagan énfasis en distintas expresiones de la violencia —extorsiones en Guatemala, violencia de pandillas en El Salvador y represión estatal en Nicaragua—, demuestran la importancia de entender cómo se intersectan la violencia criminal y la política. Como menciona el artículo de Daniel Núñez, el poder de la extorsión, como amenaza y como realidad, aumenta debido a la incapacidad o falta de voluntad de las autoridades estatales de proteger a los ciudadanos contra ese delito. Y como afirma Sonja Wolf, el espectáculo de la guerra contra las pandillas y los beneficios políticos asociados con ella han desviado atención y recursos de las causas de raíz de la violencia relacionada con las pandillas en detrimento del bienestar de los ciudadanos. Y aunque el entorno que describe José Luis Rocha para el caso nicaragüense pueda parecer “único” con respecto al papel central de la violencia estatal en el contexto de inseguridad del país, el panorama que pintan los tres textos muestra continuos e intersecciones importantes entre las formas estatales y no estatales del daño y la violencia.

Tales continuos de violencia y los paralelos que existen entre los tres países no son sólo relevantes para discusiones académicas sobre el tema, sino que sacan a la luz la necesidad de cuestionar los análisis binarios que se centran en categorías rígidas de “migrante” y “refugiado”, y este aspecto quizá sea aún más importante. Para evaluar de manera más efectiva las crisis de inseguridad y migratorias de los tres países, necesitamos una perspectiva que reconozca por completo el carácter multifacético de las violencias que impactan a esos países y los factores políticos, económicos y sociales que las desencadenan.

Más allá de los encabezados sensacionalistas o de los informes que especulan sobre los llamados “intereses ocultos” de las caravanas, esta Serie de Noria, Migración centroamericana, reúne a investigadores capaces de captar las complejidades y la dinámica estructural e institucional que influyen en la gente que decide migrar al norte, a pesar de todos los peligros y costos que conlleva la decisión. Actualmente, la migración mexicana hacia Estados Unidos parece estar creciendo otra vez, y será cada vez más relevante entender y comparar los patrones mexicanos y centroamericanos de migración en términos de sus motivaciones, manifestaciones y consecuencias. Los artículos de esta serie ofrecen bases analíticas importantes para empezar a comparar y contrastar las realidades de dichos países, y revelan la importancia de investigar el fenómeno desde una perspectiva que trascienda las cifras y trate de entender los difíciles retos que viven mujeres, niños y familias enteras en el mundo real.

Gema Kloppe-Santamaria & Nathaniel Morris

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